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El viejo Keita es un nuevo jugador

La lesión de Daniele De Rossi ha llevado a Keita a la posición de mediocentro defensivo y a juzgar por los resultados de su equipo, de manera eficaz.

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El Keita que conocimos

En su plenitud física era un centrocampista formidable. Veloz, potente, resistente, intimidador en defensa, incontenible en ataque. Así fue como emergió en el Lens de donde fue pescado por Monchi para el Sevilla. Esa temporada en el club de Nervión fue quizás la mayor aparición en España  de un futbolista proveniente de la liga francesa: Con él en el campo el Sevilla parecía capaz de todo y de hecho fue la primera vez en décadas que los hispalenses tuvieron opciones reales de ganar la Liga.

La política de contratación del Sevilla era a la vez su fortaleza y su debilidad. Aquellos futbolistas que deseaban un escaparate tenían en el equipo andaluz un proyecto sólido en el que a cambio de renunciar a una ficha quizás más alta gozarían de la posibilidad de titularidad y una cláusula de rescisión accesible. Sería su siguiente club, el FC Barcelona, el equipo que más provecho sacó de estas cláusulas y Keita (como en otros momentos Adriano o Rakitic) acabaría redondeando el centro del campo culé por unos irrisorios 10 millones de euros.

Pero al club catalán no llegaba para ser ni titular ni protagonista, aunque si fundamental. “La niña de mis ojos” lo llegó a denominar una vez Guardiola que tenía en las capacidades del de Mali una auténtica herramienta multiusos que le permitía cubrir todo tipo de bajas en la defensa y el centro del campo, aunque su principal función fue la de añadir músculo en partidos desnivelados y cerrar partidos encaminados.

Luego lo veíamos en la Copa de Africa con Mali y el jugador se transformaba, y de una especie de Khedira o Marchisio pasaba a convertirse en algo parecido a un Camoranesi o un Gerrard: ¡Cuanta superioridad física!

Cuando se marchó a China se pensó que ese era su fin en la elite pero aún volvió a Valencia donde no llegó a darlo todo. Esta temporada la Roma echó mano de él para tapar la baja de Strootman, aunque la posterior lesión de De Rossi ha estimulado la imaginación de Rudy García. En vez de comprometer a Nainggolan en tareas más oscuras ha optado por guardarle las espaldas con el maliense.

Sí, tiene 34 años, pero no son 34 años cualquiera. Dado que fue más veloz, potente y resistente que casi nadie cuando tenía 25 años, y dado que es un futbolista de una ética profesional alabada y reconocida, era de lógica esperar que fuese capaz de dar aún una entrega física suficiente para sobrevivir en el Calcio, a lo que se une la experiencia adquirida en tantos destinos a lo largo de su vida.

El Keita romano

Desde el punto de vista táctico su reposicionamiento ha sido claro. La Roma juega con laterales abiertos y ofensivos (uno de ellos además, con limitaciones físicas por la edad: Maicon), con una especie de doble volante interior en el que Nainggolan pone el peso y Pjanic el vuelo. Por todo ello, la labor de Keita en la Roma, como la del propio De Rossi al que sustituye, es plenamente posicional. Como muestra un botón; su mapa de pases en el partido frente a la Juve:

Ahora bien, Daniele es uno de los mejores mediocentros del mundo, capaz de manera constante de rondar a la vez los 10 pases de apertura y las 10 acciones defensivas, un rendimiento fuera del alcance de casi cualquier centrocampista, y por tanto de Keita. En vez de dar ese peso al maliense, Rudy García ha decidido concentrar su rol en un par de funciones muy específicas (guardar escrupulosamente la posición y exponer poco la bola), dejando para Nainggolan la parte de De Rossi que no está al alcance de Seydou.

Veamos sus promedios:

PARTIDOS6.50
PASES BUENOS86.0
%PASES BUENOS93.3
SUMA ACCIONES DEFENSIVAS5.54
FALTAS1.23
DRIBLADO POR EL RIVAL0.31
% ÉXITO TOTAL78.2
%ÉXITO EFECTIVO95.6

La primera parte de la ecuación la cumple sobradamente: Abundante participación y altísimas tasas de acierto en el pase. Si no puedes ser parte de la solución, no seas parte del problema.

La segunda parte es algo escasa para un futbolista que juega reculado (idealmente debería rondar las 8-10 acciones defensivas por partido), aunque a juzgar por el número de veces en que es exigido (apenas 7) ello es más consecuencia del entramado táctico que una debilidad suya. Y tiene cierta lógica, porque con tantos jugadores en campo contrario el número de acciones en las que su intervención es imprescindible se reducen.

Por eso es preciso analizar su trabajo defensivo desde el punto de vista de la eficacia. El primer porcentaje, el de éxito total, tiene en cuenta la proporción de acciones defensivas que culminan con una recuperación del balón: Ese 78.2 le ponen en la órbita del 75-80, el habitual en los jugadores de elite. El segundo, que contabiliza a favor las faltas realizadas (como último recurso), no implica recuperación pero sí la interrupción de la jugada; dado que aún no ha recibido tarjeta amarilla todas estas faltas han tenido el inestimable valor táctico de impedir que fuese driblado por el rival, de resultas de lo cual alcanza un altísimo 95.6%.

Y esto es justamente lo que Rudy García le pide: Que sea una estación de paso segura para la bola en el camino de ida hacia la portería rival, y un apeadero obligatorio en la vuelta hacia la propia.

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